Por qué el conocimiento es poder?

 

Por RALPH M. LEWIS, F.R.C.

Todos estamos familiarizados con aquél viejo proverbio que reza: “el conocimiento es poder”. Con tanta prodigalidad se ha usado en la literatura esotérica que, en verdad, ya se ha vuelto una frase muy trillada.

El origen de la expresión â€œEl Conocimiento es Poder” se pierde en la antigüedad. Podemos, sin embargo, presumir que tuvo un principio romántico. Por ejemplo, la tradición nos relata que la advertencia â€œConócete a ti mismo” estaba inscrita en la parte superior a la entrada de la gruta delOráculo de Apolo, en la antigua Delfos. Tal vez la frase â€œConocimiento es Poder” es, asimismo, la aserción de algún sabio ya olvidado que supo comprender su significado total.

Más allá del uso superficial de este término hay un significado muy hondo. Pero será necesario que primero definamos lo que se quiere decir con el poder que puede proveer el conocimiento. Pensaremos, acerca del poder, en el mismo sentido en que lo hacen los físicos. Ellos hacen distinción entre poder y trabajo. Definen el trabajo como una labor cumplida, como el hecho de ejecutar algo. Si levantamos, por ejemplo, cincuenta kilos a una altura de dos metros, eso constituye en sí un trabajo realizado.

El número de veces que tal peso se levanta es la cantidad de trabajo que se ha hecho.

La velocidad desarrollada en tal trabajo sea, el tiempo que se emplea en levantar los cincuenta kilos y la repetición de esto cierto número de veces, constituye el poder o energía que se ha aplicado. En física, por lo tanto, poder equivale al tiempo necesario para completar cierto trabajo. La extensión del poder personal se determina por el tiempo que cada uno emplea en ejecutar un trabajo determinado.

NUESTRA TAREA PERSONAL

Como individuos, nuestra principal labor es la de vivir, esa es nuestra tarea personal, la más importante de todas. Se ha dicho que la vida es movilidad y acción, ejemplificada en el crecimiento, reproducción y locomoción; puede ser así en lo que concierne a la vida física, pero para el hombre la vida es mucho más que todo eso. Para el ser humano la vida debe tener un propósito, debe tener una dirección consciente, el movimiento en una misma línea hacia cierto fin. Schopenhauer dijo que la vida es un lenguaje que nos trasmite ciertas verdades. Si estas verdades pudieran comunicársenos en otra forma, la vida consciente no sería entonces necesaria para nosotros.

Si la tarea de vivir es el aprendizaje de ciertas verdades, cabe preguntar cuáles son esas verdades. Nadie puede enumerarlas todas, porque no han sido reveladas en su totalidad.

En cada era, en cada época, no obstante, hay quienes están descubriendo más y más sobre el conocimiento de la existencia. Siglos de experiencia le han mostrado al hombre que debe haber cierta preparación para el descubrimiento de tales verdades. La primera de las dos condiciones esenciales para esta preparación es la orientación; esto significa el hecho de lograr encontrarnos a nosotros mismos.

Constituye nuestra relación con el estado de la existencia. Como ha dicho un filósofo, nuestra vida completa pertenece al presente. Esto es todo lo que en realidad poseemos.

Tan pronto como podemos darnos cuenta de nuestra existencia, después de nacer, miramos hacia un futuro extenso, a una vida en perspectiva. Al final de esta experiencia consciente miramos hacia atrás, a nuestro largo pasado.

La vida presente es la más importante en cada edad de nuestra existencia. Lo que sentimos, lo que pensamos y hacemos ahora es lo más importante. Después de todo, nunca podremos pensar en el futuro, pues cuando llega es presente por el hecho de darnos cuenta de que existe. Sólo está delante de nosotros un futuro desconocido. Aún más, el pasado nunca está realmente separado de nosotros. El pasado es una condición olvidada o bien una memoria y, como tal, forma parte de nuestra consciencia presente.

Los hombres se han atormentado siempre con la probabilidad de su origen, de dónde vinieron, y de su futuro o destino. Se han torturado con sentimientos mezclados de asombro sobre tales estados, y de temor hacia los misterios del nacimiento y de la muerte. Tratan de ahondar en el pasado para descubrir el principio; tratan, asimismo, de escudriñar mirando hacia adelante para romper ese velo, imaginándose toda clase de condiciones futuras.

Se han preocupado tanto de esos misterios que han llegado a desarrollar en dos doctrinas filosóficas generales: la ontología, o sea el principio, y la escatología, o fin. Conciben estos reinos futuros cual si tuvieran propósitos extraños para los hombres y a menudo los imaginan poblados de seres sobrenaturales.

Sin embargo, las verdaderas respuestas con respecto al nacimiento y a la muerte sólo las encontraremos concentrándonos en la tarea de vivir, al entregarnos de lleno a nuestro estado presente de consciencia, comprendiéndonos a nosotros mismos y a la existencia de la cual podemos darnos cuenta. Ningún acontecimiento, ningún suceso, no importa cuál, o cuán diferente sea de los demás, es completamente independiente.

Cada suceso proviene de los que le han precedido y se fundirá en los subsiguientes. Los cambios que percibimos en el panorama de la vida, siempre en movimiento, no son fenómenos o manifestaciones separadas, sino que son realmente intervalos de consciencia. La mente se cierra y se abre durante una fracción de segundo. Esto se conoce como el vacío de la consciencia. Funciona en forma muy parecida al obturador de una máquina fotográfica.

Durante el intervalo de apertura se registra la impresión que se transforma en un cuadro, el cual parece separarse de todo lo demás. Si el obturador de la mente hubiera permanecido abierto bastante tiempo, otras cosas se habrían mezclado con los elementos del cuadro. Por lo tanto, si en realidad no existe el pasado ni el futuro no hay nacimiento ni muerte, ni principio ni fin absolutos.

LA FUERZA VITAL DE VIDA

Después de todo, Â¿qué queremos decir por nacimiento? ¿Queremos decir aquel momento en que por primera vez llegamos a estar conscientes de nosotros mismos y del mundo en que aparentemente vivimos? ¿Tratamos de significar el momento en que el cuerpo físico empieza su existencia independiente al separarse del de la madre? . O bien, la significación que damos al nacimiento corresponde al momento en que por primera vez percibió el hombre la existencia de la fuerza vital de vida, o sea el hecho de que las cosas eran vivientes y animadas?

Cada una de éstas es un acontecimiento, una clase de principio. En realidad, sólo son expresiones de la vida y de la existencia. Ninguno de estos acontecimientos, por sí solo, representa verdaderamente el nacimiento, o sea, es un principio absoluto. El hombre no es consciencia únicamente; también es cuerpo y, por lo tanto, no podemos medir su nacimiento desde el momento en que él se da cuenta de sí mismo.

Con respecto a la fuerza vital de vida, su origen se pierde en la inmensidad del tiempo.

La fuerza vital de vida en nosotros es universal. Ha dado expresión a muchas clases de seres, además del hombre, así es que no podemos medir el nacimiento por la vida del hombre. Si creemos, por otra parte, que la consciencia, la realización de nuestro propio ser es el aspecto más importante de la vida, dejemos entonces de preocuparnos por lo que existió antes de que llegáramos a estar conscientes de nuestro ser.

Con respecto a la muerte o el fin de la existencia, Ã©sta es sólo un cambio en la relación de nuestro estado consciente y la realidad aparente del mundo que nos rodea. El estado de vida confina la fuerza vital de vida en formas o cuerpos. Sin embargo, no se destruye por la desintegración de tales cuerpos.

Aun los efectos de nuestra existencia consciente, las cosas que hemos hecho durante este período de vida tienen inmortalidad si hemos vivido activamente: Después de todo, vamos dejando señales de nuestros logros y acciones. Por lo menos, la memoria de nuestra personalidad, de nuestra existencia en esta forma corpórea, permanece con otros después de nuestra muerte. Schopenhauer pregunta: “¿Qué es lo que en el hombre lucha por existir? Y se contesta así: “El Yo, Yo, Yo.”Toda la existencia clama por lo mismo, por ser; para que su esencia, por lo menos, continúe.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *